Si soy sincera, este Sant Jordi empezó como empiezan muchas cosas: con expectativas, organización… y también con cierta incertidumbre. Era jueves, un día entre semana, y no sabíamos realmente qué iba a pasar. Pero desde primera hora, el Señor ya empezó a sorprendernos.
Una de las cosas que más me marcó fue ver, un año más, a una hermana preparando 30 rosas para regalarlas a sus compañeros de trabajo. Un detalle sencillo, pero lleno de intención: compartir el mensaje del evangelio de una forma cercana y real.
Y ahí entendimos que el día no iba solo de una mesa… iba de corazones dispuestos.
Poco a poco empezaron a llegar los hermanos. Y seguían llegando. Y seguían.
Me quedé realmente sorprendida. No era algo forzado, no era «tengo que ir», sino
un deseo genuino de ayudar, de estar y de servir al Señor. Montamos una mesa de flores y otra de libros. A lo largo del día pudimos entregar muchos evangelios y tener conversaciones muy interesantes.
Por la tarde pusimos también dos mesas de manualidades, una de ellas en medio de la calle. Esto llamó mucho la atención y, de pronto, muchas familias comenzaron a acercarse con sus niños. Nos faltaban manos, pero gracias a algunas jovencitas pudimos sacar adelante toda la faena.
Mientras los niños hacían las manualidades, los hermanos hablaban con los padres. Pudimos dar a conocer la iglesia y las distintas actividades que se realizan. Realmente fue un día de testimonio.
También se vendieron rosas y algunos libros, y tuvimos la presencia de varios autores que estuvieron firmando ejemplares. Todo lo recaudado será destinado al Esplai Imagina.
Al final del día, lo único que me salía era dar gracias. Gracias a Dios por mover corazones. Gracias por cada persona que estuvo, especialmente siendo un jueves. Gracias por cada oración, por cada pequeño gesto y por cada conversación. Desde el equipo de evangelismo queremos daros las gracias por vuestro apoyo.
Fabiana Villarroel
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