Hay momentos muy concretos en la vida en los que necesitamos sentir el amor y la cercanía de las personas que nos quieren.
Quizá sea en un tanatorio, despidiendo a un familiar. O en la sala de espera de un hospital, aguardando noticias sobre la operación de alguien a quien amamos. Son momentos en los que nuestras emociones y pensamientos se desbordan. Momentos difíciles, tensos, en los que necesitamos saber que no estamos solos.
Y es precisamente en esos momentos cuando descubrimos el valor de tener personas a nuestro lado: alguien que nos escuche, que ore por nosotros, que nos acompañe o, sencillamente, que esté ahí.
El lema que hemos escogido para este próximo curso nos reta precisamente a ello: a «Crecer en amor, servir en unidad», basado en las palabras de Filipenses 2:2:
«Haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito».
Como discípulos de Jesús, nuestro propósito es glorificar a Dios con nuestra vida. Y esto no se refleja solamente en los grandes momentos, sino también en las pequeñas decisiones, gestos y detalles de nuestra vida cotidiana, cuando ponemos en práctica su Palabra.
Pero nuestro amor hacia los demás no nace simplemente de nuestro esfuerzo por ser mejores personas. Nace del amor que hemos recibido de Cristo. Al conocer su amor, podemos aprender a amar a los demás. Tal y como Él nos acompaña, podemos acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles, como nos recuerda 2 Corintios 1:4.
Crecer en amor significa aprender a preocuparnos genuinamente por los demás. No solamente cuando todo va bien, sino especialmente cuando llegan los momentos difíciles. Significa estar cerca, escuchar, orar, ayudar y ser generosos.
A los niños les encanta medirse y ver cómo van creciendo en altura. Así como nos alegra ver crecer a nuestros hijos, también deseamos que nuestra vida como iglesia refleje un crecimiento en amor.
Este amor no se limita a quienes forman parte de nuestra iglesia. Se extiende a todas las personas que Dios pone en nuestro camino. Siguiendo el ejemplo de Jesús, estamos llamados a mirar a quienes nos rodean con amor y preguntarnos cómo podemos ser de bendición para ellos.
Crecer en amor también significa fortalecer nuestras relaciones, cultivar la amistad y construir una comunidad madura en la que podamos compartir nuestras alegrías, nuestras cargas y nuestras dificultades incluso aun cuando tenemos opiniones diferentes.
En nuestra boda escogimos una frase que sigue teniendo un significado especial para nosotros: «L’amor és l’única cosa que creix quan es comparteix». Y es que el amor, cuando se comparte, no se agota, sino que crece. Como nos recuerda 1 Corintios 13, “el amor nunca deja de ser”.
Junto a crecer en amor, queremos también servir en unidad.
Qué privilegio es formar parte del cuerpo de Cristo. Dios ha dado a cada uno dones y capacidades diferentes, no para que caminemos de manera independiente, sino para que podamos complementarnos y servir juntos.
Servir en unidad significa compartir ese mismo propósito: glorificar a Dios y dar a conocer a Cristo. Significa ayudarnos unos a otros, poner nuestros dones al servicio de la iglesia y trabajar juntos para responder a las necesidades de nuestra comunidad.
Durante este último año hemos podido ver personas acercándose a Jesús, reconociendo a Cristo como su Señor y Salvador y dando pasos de arrepentimiento y fe. Hemos visto cómo Dios ha utilizado la entrega y el servicio de muchas personas para acercar a otros a Él.
La unidad no significa que todos pensemos igual o tengamos los mismos dones. No todos hacemos lo mismo, pero todos podemos aportar a la extensión del Reino sirviendo en unidad. Cada oración, cada gesto de generosidad y cada oportunidad de compartir el evangelio puede ser una forma de acompañar a las nuevas generaciones y a quienes están dando sus primeros pasos en la fe.
Al comenzar este nuevo curso, nuestro deseo es que, aun siendo diferentes y teniendo opiniones distintas, nuestra unidad permanezca firme en Cristo y en el propósito que compartimos: ser de bendición al prójimo, compartir el evangelio y, en definitiva, glorificar a Dios.
Que podamos acercarnos más a Cristo, crecer juntos en nuestras relaciones, poner nuestros dones al servicio de los demás y ser una iglesia que ama, sirve y anuncia a Jesús.
Crezcamos en amor, sirvamos en unidad y vivamos juntos para Cristo.

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