«Y a ti te daré las llaves» es una afirmación de Jesús que ha dado lugar a muchas interpretaciones. Pero no es de esto de lo que quiero hablar.
Dios ha dado ‘potestad’ a todos sus hijos e hijas (cf. Jn 1:12-13). La potestad entendida como ‘el derecho’ de ser engendrados espiritualmente, pero también la potestad entendida como «la autoridad’ de ejercer los privilegios y prerrogativas del linaje celestial. Está claro que esta autoridad no depende de sangre, carne o de voluntad de varón. Es decir, no la otorga el linaje, el esfuerzo o la mediación de una autoridad humana. ¡Entonces todos los que hemos nacido de nuevo la poseemos por igual!
¿Y en qué consiste o dónde podemos y debemos ejercer esa autoridad? ¿Es una autoridad solo representativa, de diplomáticos? ¿Es autoridad para gestionar la herencia del Padre? ¿Se reduce al derecho a ir al cielo…?
Creo que es la autoridad de ‘atar y desatar’, la de las «llaves’, que le fue primero anunciada a Pedro y luego confirmada a la comunalidad (a cada uno y al conjunto) de los creyentes: Mt 16:19 y 18:18. Atar y desatar en nuestras vidas, en nuestro testimonio, en nuestro servicio; y todo orientado al progreso del reino.
Como humanos y en el caminar en la fe, corremos varios riesgos. El de ver a Dios como una varita mágica’: me ha de dar todo lo que deseo. El de ‘plañidera»: centrarse en que no consigo lo que yo deseo. O el del ‘conformismo»: ya no deseo más de Dios.
Pero eso es hacer un mal uso de las llaves del reino’ y de la ‘potestad de hijos/as’.
Dios quiere que experimentemos y celebremos sus victorias. Es más, quiere que las propiciemos. No como éxito nuestro, sino como colaboradores suyos.
Y para medir si estamos haciendo un buen uso de las llaves podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que llena nuestras conversaciones, nuestras oraciones y nuestras planificaciones? ¿Solo ‘Necesito esto y aquello’ (la postura ‘varita mágica’); Todo lo que me pasa es malo’ (la ‘plañidera’);
«A mí lo que me hace sentir bien es el ‘acomodamiento’?
El buen uso de las llaves se refleja en: ¿Qué he aprendido últimamente del Señor?
Y no solo conocimiento, sino qué lecciones prácticas… ¿Dónde me quiere el Señor? Lo que estoy haciendo o a lo que dedico mis esfuerzos, ¿es lo que Él tiene para mí? Y, ¿qué fruto estoy viendo, directo o indirecto? (porque suele venir como un regalo suyo, aunque usemos las llaves’ a medias). Por ejemplo, ahora en Barcelona estamos discipulando a dos turcos convertidos, pero que no se han convertido por nosotros. Son un regalo del Señor.
Son un regalo, cuando oramos por ello, cuando el objetivo no somos nosotros, y cuando damos pasos hacia ello.
En resumidas cuentas, lo que te quiero decir, querido hermano y querida hermana, es que: sea cual sea tu situación actual, Dios tiene aún mucho más para ti. Ten tú también mucho más para él: ¡iHaz un buen uso de “las llaves’! | Carlos Madrigal
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