Un corazón dedicado al Señor

Si hoy tuvieras que pensar en una frase que resumiera toda tu vida, ¿cuál te gustaría que quedara en la memoria de quienes te han conocido?

En estas últimas semanas he estado sumergido en la lectura de los libros de Primera y Segunda de Reyes. Algunos seguimos avanzando en la lectura de la Biblia en un año: ¡ánimo! ¡lo conseguiremos! En ellos el autor, inspirado por el Espíritu Santo, narra de manera concisa, pero a la vez profunda la vida de los reyes de Israel y Judá. No entra en todos los detalles de cada conquista o hazaña, más bien, se enfoca en algo esencial, algo mucho más prioritario: la condición del corazón delante de Dios.

Y hay una frase que se repite en cada uno de ellos como una evaluación que se emite desde el mismo cielo: El rey… “hizo lo bueno ante los ojos del Señor” o “hizo lo malo ante los ojos del Señor”. Qué forma tan clara y contundente de resumir toda una vida.

En medio de esta lectura, hubo una expresión que me detuvo por completo y empecé a reflexionar en silencio: “El corazón de Asa estuvo dedicado por entero al Señor todos sus días” (1ª Reyes 15:14).

El autor no expresa que el rey Asa fuera perfecto. No oculta sus debilidades ni sus errores. No dice que nunca falló. Más bien resalta algo más profundo: su corazón fue completamente entregado y orientado a Dios.

Cuando la Biblia habla del corazón, no se refiere solamente a los sentimientos. Habla del centro de todo nuestro ser. Se refiere a nuestros pensamientos, decisiones, intenciones y voluntad. Es la esencia misma de lo que somos. Y Asa decidió, día tras día, que todo su ser le perteneciera al Señor.

En medio de mis pensamientos, no pude evitar hacer una pregunta al aire un tanto incómoda, pero a la vez reflexiva: si mi vida tuviera que resumirse en una sola frase… ¿cuál sería?

Llegará el día en que nuestras fuerzas se acabarán, nuestras palabras se apagarán y lo único que quedará de nosotros será el testimonio de cómo vivimos. Nuestras acciones. Nuestras actitudes. Nuestro amor hacia los demás. Nuestra relación con Dios.

Qué bonito sería que de nosotros pudiera decirse: “Tuvo un corazón dedicado…” No a medias. No a veces. No fluctuante según las circunstancias. Sino un corazón cariñoso completamente dedicado al servicio de las personas y rendido a Dios. Un corazón constante. Fiel. “… a Dios por entero…”. Un corazón firme que no se divide entre Dios y las cosas de este mundo.

“… todos sus días”. Un corazón que no busca a Dios solo en los momentos buenos.

Que, a pesar de las dificultades, no se aleja, no desespera, sino que confía y espera sabiendo que es sostenido por la gracia de Dios.

La Palabra de Dios no es un libro antiguo sin vida, todo lo contrario, sigue hablándonos hoy. Es Dios mismo quien obra en nosotros, nos enseña, nos confronta y transforma nuestro ser desde lo más profundo. Un libro que nos ayuda a vivir con propósito, recordándonos que hemos sido salvados por gracia.

Un libro que nos recuerda que lo verdaderamente importante no son nuestros logros, ni nuestros títulos, ni nuestra carrera profesional, ni nuestras posesiones, ni todo lo que podamos disfrutar al margen de Dios, sino cómo está nuestro corazón delante de Dios.

El ejemplo perfecto lo tenemos en Jesucristo, quien tuvo un corazón dedicado al Padre. En Él no hubo pecado, ni desviación. Su vida fue una expresión de obediencia y amor a Dios. Y en Jesús no solo tenemos el ejemplo, sino también la vida que transforma nuestro corazón.

Hoy es un buen día para detenernos, reflexionar y preguntarnos cómo queremos ser recordados. Y, más importante aún, hoy es un buen día para comenzar una vida junto a Cristo con un corazón completamente dedicado al Señor. A Él sea la Gloria.

Josué Ibáñez

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