Quería contaros cómo este mes de julio 13 jóvenes fuimos retados a participar en un viaje misionero a Rumanía. A través de Exodus y bajo el lema “Challenge accepted”, decidimos aceptar el reto de prepararnos para lo que Dios quería mostrarnos.
Desde enero nos empezamos a reunir una vez al mes, para tener una preparación, enfocándonos en la parte espiritual, emocional y práctica para cumplir la misión que íbamos a llevar a cabo.
El 30 de junio por fin llegó el momento en que empezó la aventura.
Cuando llegamos a Rumanía, lo primero que hicimos fue encontrarnos con varios equipos que viajaban al país, para poder pasar 2 días juntos, conociéndonos, y también teniendo preparación práctica y cultural, para luego ser divididos por equipos y enviados cada uno a una zona del país, a distintas iglesias locales. En esos dos días pudimos tener el primer choque cultural y aterrizar a una nueva realidad, ya que todo era en inglés. Después de esos dos días, nos enviaron a Jibou, una pequeña ciudad, con Alin y su familia.
Alin es rumano y lleva años pastoreando varias iglesias pequeñas por Jibou. Es muy activo en la comunidad, lo que le ha llevado a abrir diferentes puertas en colegios, orfanatos y centros de menores, que era uno de los puntos en los que trabajamos.
Como responsable del equipo, desde el primer día establecí un objetivo al equipo. Este viaje era un regalo de Dios no solo para servirle, sino para conocerle mejor de una manera especial. Y me propuse ser intencional en cuidar de ellos y buscar ratos para poder hablar y orar juntos.
Por demás está decir que Dios proveyó de esos espacios y momentos en los que pudimos buscarle de una manera especial y acercarnos a Él.
A nivel de servicio, los primeros días íbamos a la iglesia y servíamos a través de un programa que habíamos preparado para niños. Los niños que venían eran de la comunidad; algunos eran de la iglesia, pero la gran mayoría no, eran niños de bajos recursos que se les había invitado previamente a participar en una semana de actividades especiales, y venían cada mañana para pasar un buen rato con nosotros.
A través de juegos, historias y reflexiones, compartíamos no solo un buen tiempo con ellos, sino también el evangelio. Representamos la historia de Jonás y luego también compartíamos un testimonio.
Por las tardes volvíamos a casa del pastor y teníamos nuestro team time, un momento reservado para buscar a Dios como equipo y también cuidarnos mutuamente.
El domingo participamos en 3 cultos en los cuales 3 chicos predicamos en la iglesia, y parte del equipo llevaba la escuela dominical.
Los últimos días, ya no fuimos a la iglesia, sino que servíamos en un orfanato. Allí también llevábamos el mismo programa, solo que un poco adaptado, pues ya no eran niños pequeños, sino más adolescentes. En los orfanatos pudimos tener momentos especiales donde a través de testimonios y tiempos naturales de oración, pudimos conectar con ellos, y algunos quisieron y pidieron orar con nosotros. Ahí vimos la mano de Dios obrar grandemente.
Para finalizar, me gustaría destacar que estoy muy agradecido a Dios y a la iglesia por todo el apoyo recibido. Dios está obrando grandemente en nuestros jóvenes. | Jean Paul Palacios

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