Hace dos años presentamos este proyecto a la iglesia, sin saber cuándo podría hacerse realidad. En aquel momento no fue posible, pero Dios tenía sus tiempos. Poco a poco fue preparando a nuestros jóvenes, con su primer viaje misionero a Rumanía, hasta permitirnos este año abrir las puertas de la iglesia y llevar a cabo el casal junto al equipo de Irlanda.
Desde el principio sabíamos que sería un reto. Había ilusión, pero también mucha expectativa y temores propios de comenzar algo nuevo. No sabíamos exactamente cuáles serían los resultados. Sin embargo, pudimos ver cómo Dios fue guiando cada paso del proceso.
El equipo de Irlanda nos sorprendió por su preparación y organización. Detrás de cada actividad había muchas horas de trabajo y todo estaba cuidadosamente coordinado. Pero lo que más me impactó fue la comunión que se formó entre el equipo de Barcelona y el equipo irlandés. Desde el primer momento se percibía un amor genuino, un deseo sincero de servir y una misma pasión por Cristo.
También quiero destacar la actitud de nuestros jóvenes. Respondieron con disposición y entrega en todo momento. Fueron días intensos, de mucho trabajo, pero apenas hubo quejas. Aunque con el paso de los días el cansancio era evidente, también lo era el gozo con el que seguían sirviendo. Dios nos permitió formar un equipo unido, en el que cada uno aportó su granito de arena.
Damos gracias a Dios por cada una de las familias que abrió las puertas de su hogar para acoger a los jóvenes durante esta semana, su hospitalidad, generosidad y disposición, fueron una verdadera bendición, haciendo que el equipo de Irlanda se sintiese acogido, cuidado en cada momento.
También queremos dar las gracias al equipo de cocina por los deliciosos platos y meriendas que prepararon con todo cariño, haciéndonos sentir como en casa
En cuanto a los niños, fueron una gran bendición. Tuvimos más de los que esperábamos y fue precioso ver cómo disfrutaban de cada actividad. El domingo nos reunimos para preparar, decorar y ambientar el espacio. Ya entonces se podía sentir la ilusión del equipo. Al día siguiente, a las nueve de la mañana, abrimos las puertas y comenzaron a llegar los niños con sus familias. Así empezó una semana muy especial.
Durante el casal pudimos compartir la Palabra de Dios de forma clara y coherente. Las lecciones, canciones, versículos y juegos estaban relacionados entre sí, de manera que Cristo fuera el centro verdaderamente de todo lo que hacíamos.
Por las tardes, los jóvenes tenían un tiempo de devocional y acompañamiento, donde podían reflexionar en la Palabra de Dios, orar y compartir cómo estaban viviendo la experiencia: su cansancio, sus frustraciones y también sus alegrías. Fueron momentos valiosos para escucharlos y acompañarlos en el proceso.
Además realizamos dos salidas de evangelismo junto a la iglesia de Vilapicina. Hubo pintar caras, juegos, manualidades y un baile con canciones aprendidas en el casal. Dos jóvenes compartieron sus testimonios y cómo Dios transformo sus vidas.
Solo podemos terminar dando gracias a Dios por su fidelidad y por habernos permitido vivir esta experiencia. Aquello que hace dos años era solo un proyecto hoy se ha convertido en una realidad en la que hemos podido ver su mano. Oramos para que todo lo sembrado siga dando fruto y que Dios continúe abriendo nuevas oportunidades para servirle.


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